POR QUÉ CINCUENTER



Dicen que Michelle Obama, el día que alcanzó el medio siglo de vida, proclamó: “Nunca me he sentido más segura de mí misma, ni he tenido tan claro quién soy como mujer. A esta edad, el cielo es el límite”.

Menos épico, el refranero español sostiene que “La experiencia es un grado”. Un plus. Una ventaja.

Sin embargo, vivimos en una sociedad que se ha empeñado en convertir los años en una losa. No es una cuestión estética: el mercado penaliza a las mujeres mayores de 50, que sufren una precarización mayor. Son castigadas cuando alcanzan una edad que debería ser de plenitud. De poco les sirve la experiencia acumulada, ni el mantener la ilusión intacta porque los mismos que hacen elogio de la madurez, se empeñan en demostrarles cada día que tienen un brillante futuro… a sus espaldas.

Sí, las mujeres de 50 y más, las Cincuenter, son víctimas de eso que se ha dado en llamar “edadismo” (ageism), término acuñado por el psiquiatra neoyorquino Robert Butler para definir la discriminación que sufren las personas a causa de su edad. Un problema con rasgos similares al sexismo o al racismo, en el que él distinguía tres aspectos perfectamente diferenciados pero interrelacionados:


1) Actitudes hacia las personas mayores, la vejez y el envejecimiento.

2) Prácticas discriminatorias.

3) Políticas y prácticas institucionales que perpetúan los estereotipos.


Situación que, en el caso que nos ocupa, se puede resumir con otra frase hecha: “Los hombres maduran, las mujeres envejecen”.

Es necesario poner altavoces al servicio de las mujeres que han cumplido los 50 para que su voz se oiga, para que pregonen su presencia y su disposición, hagan saber que están más fuertes y son más sabias que nunca, demuestren que tienen mucho que contar y mucho que aportar.

Muy pronto volveremos a reunirnos en Oviedo una representación de esta generación que no pensamos en tirar la toalla, que queremos contar y reflexionar sobre el mundo en general, y sobre las Cincuenter en particular.